Restaurante Dos Cielos   Leave a comment

La estrella michelín de los consagrados Hermanos Torres

Visita gastronómica del colectivo gourmet a un estrellado, en esta ocasión el elegido fue el restaurante Dos Cielos, de los televisivos Chefs Hermanos Torres. Visita planeada, sin mucha antelación y con reserva previa de un mes. Me consta, por visitas de algún amigo gourmet, que no es necesario reservar con tanta antelación, y más si es para cenar un laborable (miércoles) como fue nuestro caso.
La entrada al restaurante, ubicado en la planta 24 del hotel Sky Melià, en plena Diagonal, en la zona del Barrio del Poblenou. Entrada de lujo, con Photocall de un evento de alguna marca u empresa que se iba a llevar a cabo en la recepción/bar a la entrada del Hotel. Lástima que teníamos cena estrellada pactada, sino nos hubiéramos añadido al evento.
Ya en el ascensor, 24 pisos hacia arriba y salida a la terraza cubierta del restaurante, donde la RRPP del restaurante nos acompaña hasta la cocina. Sorpresa, los dos hermanos de blanco impoluto nos esperan entre fogones para invitarnos a ver el lugar de trabajo de su equipo. Un par de preguntas y la foto de rigor, y el jefe de sala nos acompañan a la mesa de 6 que teníamos reservada.
Comedor, reducido, con un reservado al fondo, no muy grande, En total poco más de 2º comensales, si llegábamos a serlo, con predominio de comensal nacional y en pareja. Nuestra mesa, la única que superaba el par: 6 en total, y claro está desentonábamos con el ambiente romántico y silencioso. Como el vino no corrió en exceso, aprovecho para apuntar la principal crítica: Precios de los vinos excesivamente subidos de precio (X3 el precio en bodega), así que sólo descorcharon dos botellas del Priorat, y de los más asequibles, el de Gratallops, cuya botella ascendía a algo más de 40€.
Pasamos del cava, visto los precios del Celler y entramos directos al menú degustación, con la posibilidad de algún cambio por tema intolerancias, que no fue el caso. El precio del menú degustación, aquí ni corto ni largo, sólo el de 110€- La otra opción es ir de carta.
Empezamos el menú degustación, de nombre Otoño con dos aperitivos.
El primero una hoja de otoño: un crujiente de patata deshidratada con ceps (seta) deshidrata. Tod@s coincidimos en recordar el sabor de los famosos gusanitos de Grefusa. Eso si, cuando pillabas la seta, destacaba su gusto.
El otro aperitivo: una alubia concentrada, de nombre tabella fría con caldo fermentado. Sabor de judía concentrada con textura similar a las famosas olivas, originarias del Bullí. Aperitivo mucho más creativo que el primero.
Se acercan las cestas de panes, que elaboran ellos mismos: el italiano (queso, tomate y albahaca), el griego (con olivas negras de Kalamata), el de nueces y pasas y el dulce (de albaricoque y zanahoria. ¡Deliciosos todos!. Vamos que se podía montar una cena solo con el pan. De hecho alguno de los que me acompañaban en la cena gourmet, abusó de los panes y le costó disfrutar de los postres.
Tras los dos aperitivos empezaron a circular los 8 platos del menú degustación, equilibrado entre frutos del mar y la tierra y alguna verdura. El orden fue el siguiente:
Erizo de mar en un consomé de plancton, galeras, erizos y tinta de calamar, por encima del cual se encontraba unas yemas de erizo sobre un pan de algas. Muy bueno el erizo con el pan de algas, y potente sabor del consomé a galeras y toque de lima. Este plato puso el listón muy alto.
Carabinero de Huelva. Sin duda que fue muy favorito, no sólo por la excelente materia prima, sino por lo sorprendente del plato, y la acertada mezcla de sabores. Carabinero marcado en plancha, montado con algas, piel de bacalao, crema de aguacate, ají amarillo, alguna hierbas más y una sorprendente pimienta de Jambú (amazonas) que había que comer primero para dormir el paladar y abrir las pupilas gustativas de la lengua.
El tercero fue el plato verde: unos guisantes de Llavaneras acompañados de una potente crema de jamón ibérico. Después de la creatividad y mezcla de sabores del carabinero se quedó pequeño.
El cuarto, otro plato de mar. En esta ocasión un buey de mar embalado en mandioca con un caldo demasiado espaciado, a coco de Brasil nos indicaron, pero a mí me supo más a azafrán. Me sigo quedando con el Carabinero.
Con el quinto empezaron los animales terrestres. Se trataba de una llanega (seta) cocida en un caldo de ternera gelatinosa (tendones que recuerdan al rabo de toro) y almendras. Caldo bastante soso, aunque lo salvó el excelente sabor de los trozos de tendón de ternera.
Ajo negro de Perroñeras, por las referencias era uno de los más aclamados por la redes. Cumplió las expectativas. Color negro del ajo por su fermentación durante 40 días a 60º. Ya por el trato al mejor ajo de España debe estar de chupa dominé. Gustillo a regaliz del ajo, para nada fuerte. Otro punto a favor fue la originalidad de la presentación: en forma de cáliz, con un trozo de pan de fécula de patata, en forma de “Santa Hostia” que tapaba el ajo de Perroñeras.
El séptimo, la madre y el hijo de nombre, fue un esturión con caviar imperial de Beluga. El esturión cocido al vacio, de potente sabor, bañado en una salsa con gusto a mantequilla. Plato ligero que entro muy bien después del potente Ajo negro.
El octavo, el segundo de carne. En esta ocasión fue una liebre desmenuzada, con unos jugos de carne que potenciaba el sabor. Venía acompañado de un crujiente de remolacha que destacaba en su presentación. Plato intenso, fuerte, para degustar. Fenomenal colofón antes de los postres.
Con el espacio en el estómago ya muy limitado, esperábamos los postres. Sin embargo, llegó una creación, entre postre y digestivo de los hermanos torres. Un vaho de eucalipto: una ligera nube fría en forma de tapón, con gusto a eucalipto servido con nitrógeno que le da el nombre al plato. Creatividad al máximo en este plato.
Llegó el turno al mejor postre, unos gajos de mandarina clementina con helado de yogurt, flan y un nudo de nube de azúcar. Muy buena la combinación dulce con cítrico.
El siguiente postre, de nombre azafrán, fue un chocolate con leche con caramelo y un aro brillante de azafrán. ¡Los amantes del chocolate disfrutaron!.
También de chocolate el petit four final para acompañar el chocolate. Un bombón de chocolate con jengibre y frambuesa, apodado el cielo. Presentado en forma de joya, en su caja.
Y eso es todo amigos.
Falto disfrutar del café o un digestivo final en la excelente terraza, pero el día no acompañaba.
Del servicio, correcto, sin estar encima, pero pendientes de cualquier duda, pregunta o detalle. El precio acorde con la estrella, elaboración y lugar (unos 125€ limitando el vino y los extras)
Conclusión: ideal para ir en pareja y darte un gusto sin mirar la cartera. Recomiendo ir al mediodía para disfrutar de las vistas o una noche apacible, para en este caso poder visitar la terraza.

Más información y fotos en: Dos Cielos

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