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Excelente platos, a mejorar los postres

Pendiente tenia probar la cocina del mediático Jordi Cruz, que dispone en Barcelona de cómo mínimo tres restaurantes: l’Abac (2 estrellas michelin), l’Angle ( una estrella) y el Ten’s. Como había donde elegir, se escogió la opción intermedia l’Angle.
Reserva sin problemas para una cena en laborable, de hecho quedaron 2 mesas vacias. Local ubicado en la primera planta del céntrico y lujoso Hotel Cram, en plena calle Aragón a escaso metros de la Plaza Letamendi.
No nos recibió el televisivo Chef, pero si estuvo presente en forma de figura de escayola presidiendo la entrada al restaurante. No desaprovecharon la ocasión algún comensal para hacerse la oportuna foto, aunque fuera con su réplica inanimada.
Vamos al verdadero motivo de la visita: probar su reconocida cocina. Varios menús disponibles (60, 80 y 90), del que variaban la cantidad de platos. Al mediodía disponen de un menú más económico por 45€.
Mesas redondas, de diferentes tamaños, y con un más que correcta separación. Nos toco una de los extremos del local, que fue de agradecer por la tranquilidad de la cena.
Se escogió el gran menú degustación (90€), compuesto de diez platos y dos postres. El menú no incluye bebidas, escogimos una de las opciones más económicas (el equilibrista do Catalunya), ni el excelente pan con mantequilla francesa y aceite de oliva virgen de Siurana que lo acompañaba.
Empezamos la velada gastronómica con un refrescante mojito de lima y menta con piña y ron, trozos de piña y helado de menta y lima con gelatinas. Empezamos muy bien.
El siguiente fue un gnochi de salmón ahumado con crema de coliflor. La crema servida a parte, con un gnocchi donde destacaba mucho el salmón. Correcto, pero seguía son el excelente sabor de boca que me dejo el mojito.
El tercero que llegó, muy original de nombre: burbujas de bloody mary con sorbete de apio y salazones. Los salazones eran varios trozos de uan finísimas y excelente anchoa, acompañada por unas finas laminas de apio y las esferas de bloody mary. Seguí prefiriendo el mojito al Bloody mary.
Con el cuarto plato nos trasladamos a México, ya que el crujiente de foigras con maíz, se presentó en forma de taco, con un fondo de foie y un polvo de quico rallado. Originalidad y sencillez de un bocado muy gustoso. Excelente el foie.
Y llegó el momento de uno de los platos estrellas de la noche gastronómica. El pa amb tomaquet de Jordi Cruz. Su nombre esferas de Scamorza ahumada con tomates y albahaca. Se trataba de un plato que combinaba un queso italiano, escamorza, con varios tipos de tomates encurtidos. Que gustazo de plato. El queso riquísimos, pero los tomates encurtidos eran de cinco estrellas. En este plato todos coincidimos en señalarlo como de lo mejorcito de la noche.
Con el sabor aun del “pa amb tomaquet” llegó un plato de mar, que se trataba de un mejillón al curry con calabaza y agua de setas. Sin duda, el más flojo de la noche. Excesivo sabor especiado, y más que a curry, a soja. El mejilon y láminas de calazaba se encvontraban bañadas en excesiva salsa de soja. Una lástima no poder saborear un mejillón con DO; del Delta del Ebro se anunciaba.
La decepción del mejillón se superó rápido, gracias a la exquisita yema de huevo con caviar y butarda. Rico rico el plato.
El buen nivel se mantuvo con el resto de platos, que fueron incrementando de tamaño. El pescado de lonja con jugo de espinas, alcachofa y plancton, resultó ser un trozo de rodaballo muy bien acompañado por un puré de alcachofa. Pese a su menor creatividad resultó exquisito.
El antepenúltimo era una mezcla de carne y pescado: suquet de alitas de pollo con cigalitas, avellanas y all i oli. Las alitas bien concentradas en un excelente caldo que contrastaban con las cigalas. Un plato mar y montaña bien ligado.
Por último antes de entrar en los postres, llegó el cordero. Una generosa ración de cordero con toffee salado de setas, crema de ajos y vainilla. Costo acabarse el plato, pero era un delito dejarse aunque fuera una miga.
Dos postres, que no llegaron a estar al nivel de creación y exquisitez de los 10 platos previos: sorbete de mandarina con hinojo y aceite de oliva, y helado de platano caramelizado con jengibre y chocolate. El sorbete demasiado gusto a hinojo, y el chocolate del helado de plátano fueron dos trozos de brownie.
Final de la velada gastronómica con unos “petit fours” del que destaco un original pintalabios de sorbete de frutos rojos.
La experiencia de probar la cocina de Jordi Cruz fue muy positiva con platos algunos muy creativos y otros más tradicionales en sus ingredientes. Menú recomendable, con calidad precio muy correcta. Excelente materia prima de los ingredientes que en el caso de pescados y carnes se podía destacar su sabor del resto de acompañamientos. A mejorar los postres, que no estaban al nivel del resto de platos.
Sin duda una recomendación para probar la cocina de Jordi Cruz o darse el lujo de probar cocina creativa con estrella Michelin.
El precio medio con aguas y vino de gama baja en su precio, que no de calidad, fue de unos redondos 100€.

Más información y fotos en: Angle

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