Sant Pau de Carme Ruscalleda   Leave a comment

Cocina de tres estrellas que busca la combinación de materia prima del mar y la huerta del Maresme.

Segundo restaurante top 3 estrellas Michelín que tengo el placer de visitar. Como no tengo ni enchufe ni me sobra el dinero, acudí previa reserva para 4 con espera de 4 meses. De agradecer la espera, ya que me permitió llenar la hucha y no tirar de Visa.
El restaurante se ubica en el centro de Sant Pol de Mar, en una calle que calificaría de peatonal. Aparte de esquivar peatones, llegar al restaurante en coche incluye una multa por circulación restringida (sólo para vecinos). Cabe decir que ya íbamos avisados de la multa por el propio restaurante, que gestiona su anulación. Se puede ir en tren de cercanías, la estación está justo en frente del restaurante, es una buena opción si vas a comer; pero en nuestro caso fuimos a cenar.
Ya ubicados en el lugar, y tras dejar el coche en una estrecha zona de aparcamiento junto a la imagen de Sant Pablo Apóstol, que da nombre al restaurante, traspasamos la puerta, no sin antes dar un garbeo por la terraza y observar cómo ya se estaban preparando los manjares a través de una magnífica vitrina que da al jardín.
Nos recibe la relaciones públicas de origen asiático, que nos acompaña a una mesa redonda con espacio suficiente para 4. Separación correcta respecto a otra mesa cercana de dos comensales. En total unas 10/12 mesas, todas visibles en dos comedores conectados decorados de forma muy clásica. Cuadros de paisajes y otros lienzos decoran unas paredes de color rojo burdeos. Destacan las mesas con vistas al mar al fondo del comedor.
Bastante personal en sala, como es de esperar en un tres estrellas, cada uno con unas funciones concretas a realizar.
Se nos pregunta si queremos tomar algo antes de presentarnos la carta. Acudimos con la idea de disfrutar a tope, como la mayoría de los que estamos allí, así que seleccionamos el menú degustación (179€) y no prestamos mucha atención a la oferta de platos de temporada de la carta.
El menú degustación de verano estaba bautizado con el nombre de “Músicas bailables”. En total 14 platos con nombres de diferentes estilos musicales de todo el mundo.
Nos presentan la carta de vinos, y aunque descartamos la opción del maridaje, tampoco la apreciamos anunciada en la extensa carta de vinos. Mientras nos sirven agua esperamos la llegada del somelier para asesorarnos sobre el vino a seleccionar. El menú degustación presenta una mayoría de platos de frutos del mar, por lo que nos decantamos por un caldo blanco. Nos dejamos asesorar por el experto, que nos recomienda probar un blanco exótico de Nueva Zelanda.
Empieza el festival de músicas con las siguientes 14 piezas bailables:

Pop: trozos de pulpo acompañados por cebolla tierna, pimiento e higos. Se nota sobre todo el gusto de la fruta. El plato está montado sobre una salsa con toque picante y alguna flor y brote vistiendo el plato. ¡No me sorprendió!

Cha cha cha: Chalota (un bulbo con un sabor menos intenso que el ajo y más aromático y fino que la cebolla) acompañado con champiñón y salsa chardonnay. Plato con un sabor muy concentrado con una base de salsa con sabor a consomé. Se notaban los filamentos de la chalota. Lo mejor la presentación del plato.

Sevillanas: salmonete frito con olivas sevillanas y ajoblanco. Pescado con escamas fino, acompañado de concentrado de olivas y ajoblanco. Buena materia prima.

Bamba: tortita de trigo, hoja santa, gorgi (papada de cerdo), achiote (especie mejicana) y aguacate. Plato de toque mejicano consistente en un taco con el cerdo y la hoja santa, que es una planta de procedencia tropical. Presentación del plato en una piedra caliente. Excesivo sabor a aguacate.

Salsa: Textura de tomate, fresa, granadilla y tapioca. Servido en forma de sopa fría o gazpacho. Su sabor recuerda a este último pero con un toque delicioso a fresa. Sin duda el plato que más me gustó por el contraste de sabores.

Twist: langostinos, leche de tigre, manzana, cilantro y agua de mar (placton). Langostinos con la salsa del ceviche (leche de tigre), cuyo sabor tapaba el concentrado de placton y el cilantro.

Baile de gitanas: gamba con pasta fresca y olivas. En este plato sí que se apreciaba el sabor de la gamba, que venía acompañada con unos finos fetuccine de diferentes ingredientes y bañada con un sabroso “suquet” (caldo) de pescado. Me gustó sobre todo la gamba.

Rap: rape , coco, menta, albahaca, berenjena y curry rojo. Plato generoso en un excelente rape con un rebozado fino y una salsa muy exquisita. Otro de los que más me gustaron.

Sardana: “espardenyes” (pepino de mar) con calabacín y arroz. Se trata de un arroz caldoso con el pepino de mar como ingrediente principal. Típico arroz caldoso de pescado: nada en especial a excepción de probar el pepino de mar y unos brotes de guisantes tiernísimos y concentrados (lo mejor del plato).

Country: el último plato, antes de cambiar a los platos más dulces, fue un pincho de pluma ibérica acompañada de butifarra, chistorra y vegetales (“gírgolas” cebolla y calabaza) con gotas de kepchup con toque barbacoa. Plato con reminiscencias americanas, de aquí su nombre.

Siguiendo una buena tradición francesa, a continuación nos trajeron el queso “tupí” que elaboran ellos mismos con diferentes formas de presentación y acompañamiento. Se trata de un queso fuerte que maceran en aguardiente, tal y como se hace en muchos pueblos de montaña. El queso se sirve sobre una base de confitura de frutos secos que tiñe el plato formando lo más parecido a un disco de vinilo, y viene presentado con diferentes formas y acompañientos (almendra rallada, hojas de endivia). Excelente queso

Cierran el menú musical tres platos de postre, de los que destaca el primero por su sabor, textura y presentación:

Merengue: consiste en una bola de merengue sólido relleno de frutos rojos, licor Kirsch, fruta de la pasión y una planta de nombre ruibarbre, de la que nunca había oído hablar y de la que se come su tallo. Excelente el relleno del merengue, sin exceso de dulzor. Sin duda el mejor postre. Me encantó

Nihon Buyo: baile japonés, según nos explicaron. El principal ingrediente del postre son las hojas de sakura (que es un cerezo japonés) y umeboshi (ciruela japonesa encurtida). Plato presentado en forma de helado y servido en una galleta crujiente.

Rock-and-roll: el último de los postres consiste en un chocolate negro, de nombre Illanka, con el 63% de cacao en textura, que quiere decir en diferentes formas (líquida y sólida), con toques de pimienta y bourbon.

Finalizada la cena, se nos invita a continuar la velada en la terraza. Allí nos sirven el café junto a los petit fours, para los que el Sant Pau ha versionado el bestiario tradicional catalán, en esta ocasión el león formado por galletas con diferentes ingredientes, sabores y colores que dan forma al animal. Original postre de sobremesa para acabar el festín, con un detalle: si no te lo puedes acabar, te lo puedes llevar a casa desmontado y en un sobre. Fin de fiesta muy original

Tomarse el café en la terraza, si el día acompaña, permite observar cómo trabajan en cocina, aunque al final de la velada estén ya recogiendo.

Sólo he tenido el placer de visitar otro de los 8 tops restaurantes de España (3 estrellas Michelin), el Celler de Can Roca. Aunque las comparaciones son odiosas, mientras que en el Celler de Can Roca la creatividad brota en todos los platos, en Santa Pau de Carme Ruscadella predomina la combinación de materia prima, principalmente del mar y la huerta de la zona.
Conclusión : ¡Sin Duda que me quedo con la creatividad!

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