Restaurante Lúa   Leave a comment

¿Sin estrella michelin?: Incomprensible

Una escapada gastronómica y artística de fin de semana a Madrid en pareja, motivo nuestra visita al Lúa, un sábado de finales de enero al mediodía, previa reserva de mesa para dos.

Las buenas críticas del lugar que circulan por Internet nos acabaron de decidir que sería el lugar para disfrutar de una tranquila y asequible comida en Madrid. ¡Ojo! Que los precios de los platos no son para poder disfrutar cada día de su cocina, pero sí para un capricho o escapada gastronómica.

Excelente ubicación, en el tranquilo barrio de Almagro, a pocos metros de la plaza de Chamberí y a un paseo de Chueca.

Disponen de una agradable terraza para días en que el tiempo acompañe; no fue la ocasión de poder disfrutarla. La primera grata sorpresa fue la enorme puerta centenaria que franquea la entrada al comedor. Una puerta con historia y mucho peso que -aviso- cuesta abrir.

Nos acomodaron en una amplia mesa redonda, bien vestida ubicada en el comedor de la entrada, con el resto de mesas ya ocupadas. Disponen de un comedor en la planta de abajo con aproximadamente la misma capacidad. Sin problemas de espacio y con la separación adecuada entre ellas.

Decoración elegante, clásica con toques modernos, donde se respira tranquilidad. No es un local para ir con niños, o al menos no lo recomiendo, ya que al Lúa se viene a disfrutar de la A la presentación del personal de sala, ya teníamos decidido que íbamos a por el menú degustación. Su precio 52€ (IVA incluido) con 3 aperitivos, 2 entrantes, 2 principales y 2 postres. Ese día renunciamos al maridaje de vinos (amplía el PVP del menú degustación a 78€).

La amplia y bien seleccionada carta de vinos nos acabó por decidir que comeríamos con un vino catalán de mi lista de favoritos: un Furvus 2009 de DO Montsant. De precio correcto (29€) teniendo en cuenta que en la calle sobrepasa los 15€.

Mientras acabamos de seleccionar el vino nos invitaron a elegir el pan; había tres tipos disponibles, entre los que destacó el de maíz, que incitaba a repetir, y más con el aperitivo que nos sirvieron mientras decidíamos la elección del vino: una esferificación de aceituna bañada de forma espléndida en un excelente aceite de oliva virgen. Con la creativa aceituna acabamos con la primera remesa de pan.

Empezamos la experiencia gastronómica con los tres apertivos: una torrija de tomate y arengue marinado, un royal de espárragos con verduritas, del que destacó su presentación en una enorme piedra de mármol, y una sopa de ají de gallina con crujiente de bacalao. Éste último fue el que menos disfrutamos, por el excesivo sabor a ave, no se notaba el gusto a bacalao ni a las huevas de caviar que le acompañaban.

Seguimos con los dos entrantes y nuevo avituallamiento de pan para acabar de rematar el plato. Siguieron las alcachofas con un ceviche de salmón marinado y el plato con referencias catalanas en el nombre: socarrat (chamuscado) de conejo con carabinero. Sin duda, de los que más me gustaron, con una excelente materia prima y muy bien presentado. Plato muy creativo montado sobre una base de arroz y bañado por una mayonesa de chile que combinaba muy bien los sabores. Habría repetido varias veces.

Pasamos a los dos platos principales: raya sobre crema de ibéricos y ajada, y venado con crema, que substituía al plato de ternera. Buena elección el plato de raya, que no es un pescado con una gran tradición gastronòmica en España, pero de carne muy sabrosa. El plato de venado, de potente sabor, con una ligera salsa de soja.

Dejamos sitio para los 3 postres, exquisitos: piña colada, brownie con helado de turrón y sopa de vainilla de excelente sabor y, cómo no, presentación.Acabamos la velada gastronómica con un pequeño intercambio de impresiones con Manuel, el chef, y sus futuros proyectos del lugar, mientras admiramos la excelente bodega a la vista. En breve reformarán el local para apuntarse a la ola de los gastrobares, que viendo el panorama de la restauración en Barcelona, son mucho más rentables que un restaurante gourmet.

Poníamos fin a la experiencia con unos petit fours acompañando un café italiano, al cual nos invitaron.

Más de dos horas de espectáculo gastronómico donde se cuida cada detalle, desde la comodidad, la presentación y un excelente servicio.

El precio final de la cuenta poco más de 70€ por comensal, de un excelente menú degustación.

Como digo en el título, resulta sorprende que no disponga de algún reconocimiento internacional, aunque casi puede ser mejor.

No dudo en recomendarlo para veladas tranquilas.

Una lástima que la distancia y la economía no me permita disfrutarlo más veces.

Más información y fotos en: Restaurante Lúa

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publicado marzo 29, 2015 por guillercastilla

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